Oscar Escudero*
Y de repente me sentí un héroe,
por todas las pruebas que había superado
Kalilu Jammeh, El viaje de Kalilu
1. El esplendor de la mentira
Con la ingente nómina de divinidades que acumula la mitología universal, sorprende de veras que ésta jamás haya engendrado un dios para personificar la mentira, a juzgar por su ingrata omnipresencia en la etología humana. En el pantanoso terreno de la política, y más concretamente en su dimensión internacional, han echado mano de la mentira gobiernos y mandatarios de todo pelaje (democracias, dictaduras, monarquías), lugar (aquí y allá, pero más aquí que allá) y momento histórico (desde la época helenística y las milenarias dinastías chinas, hasta nuestros días), para justificar invasiones, guerras, y por supuesto ese último grito del belicismo denominado ataque preventivo. La verdad, o aquello que era suplantado por la mentira, se vuelve una contingencia que aflora o no mucho más tarde, cuando la cifra de muertos es pasto del olvido, cuando se ha disuelto todo el interés, entre otras cosas porque la sociedad tiende a morder el anzuelo del siguiente titular bomba, no con insultante facilidad, sino por pura necesidad, pues ello equivale, en definitiva, a estar al día.
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