Lazare Ki-Zerbo*
Las conmemoraciones transcurren con más o menos eco en el espacio público según la importancia que tengan las fuerzas sociales que las celebran. Es decir, no tienen el mismo “sentido histórico” de Nietzsche: capacidad de suscitar entusiasmo en quienes participan, deseo de que sea un acontecimiento, alzarse para resistir al curso... anormal de las cosas. En el 2004, por ejemplo, el centenario de Haití (1) –un país del que todo el mundo se compadece desde su terrible seísmo el 12 de enero del 2010-, primera república negra nacida por la tenacidad de Toussaint Louverture, celebró su bicentenario con relativa discreción. La actualidad editorial [francesa] de las próximas semanas probablemente provoque sacudidas de otro tipo, aunque no menos importantes si se quiere comprender esta tradición de independencias confiscadas, robadas, y se conocen los argumentos extraídos de un testimonio de primera mano aportado por Randall Robinson en su libro “Haïti, L'interminable souffrance” (2). leer >>
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